Anarquía sin adjetivosAutor: Fernando Tarrida del Mármol

EditorialGerminal (nº 4, octubre, pp. 129-136)

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Género: Pensamiento Libertario

Año: 2007 (1ª edición, original 1890)

Páginas: 8 (9 x 12’5 cm.)

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EN 100 PALABRAS: el anarquismo sin adjetivos defiende que las diferentes escuelas de pensamiento anarquistas pueden y deben convivir simultáneamente, dando paso a la voluntariedad (sin coacciones, o libertad negativa) de las personas para elegir el tipo de asociación que considere más favorable y preconizando la libre experimentación de modelos legales y económicos. El origen del término data del año 1890, durante una polémica sobre un sistema económico para el anarquismo entre mutualistas, anarcocolectivistas y anarcocomunistas de varios países en el periódico francés La Révolte, cuando Fernando Tarrida del Mármol envió una carta al periódico exponiendo cómo se interpretaba en el movimiento libertario español la cuestión del desarrollo de una sociedad anarquista “ser enemigo de toda autoridad e imposición”, en el que las preferencias económicas se consideran de "importancia secundaria" a la abolición de toda autoridad involuntaria y permanente, y se es favorable la libre experimentación. Esta sería la única regla de una sociedad libre “el primer objetivo es garantizar la libertad personal y social de los hombres no importa sobre qué base económica se la logre” (Rudolf Rocker). Anarquistas conocidos que llegaron, en algún momento, a considerarse también “sin adjetivos” fueron Errico Malatesta y Voltairine de Cleyre.

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Fernando Tarrida del MármolFERNANDO TARRIDA DEL MARMOL (1861-1915), pensador, activista y escritor nacido en Santiago de Cuba (Cuba) en una adinerada familia de emigrantes catalanes (era sobrino del general cubano Donato Mármol). Acompañó a sus padres en su regreso a Sitges, donde abrieron una fábrica de calzado. En su juventud apostó por el republicanismo federal, ideología que abandonó a los 18 años al conocer a Anselmo Lorenzo, lo que supuso enfrentarse y romper con su familia. Estudió ingeniería en Barcelona, Toulouse y Madrid y fue profesor y director de la Escuela Politécnica de Barcelona. Difundió las teorías anarquistas, escribiendo artículos en las revistas Acracia, La Revista Blanca y "El Productor". Colaboró con a Escuela Moderna de Francisco Ferrer Guardia. Además, fue corresponsal en Londres de El Heraldo de Madrid y escribió en algunos de los más destacados periódicos de su tiempo, como La Dépêche de Toulouse, L’Intransigeant y Le Temps de París, y el Daily Mail de Londres, diario en el que se le llegó a ofrecer la dirección. Su prestigio entre el mundo libertario parte de su teoría del anarquismo sin adjetivos, definida a partir de un artículo publicado en La Révolte en 1890, de la que fue máximo exponente y que fue aceptada por, entre otros, Max Nettlau y Ricardo Mella. Durante su exilio conoció y se relacionó con los más destacados anarquistas europeos, como Piotr Kropotkin y Errico Malatesta. Tras los procesos de Montjuïc (1896) se exilió en Francia, Bélgica y finalmente en Londres, donde siguió difundiendo el anarquismo y donde falleció en 1915.